«La Doctrina de la Araña» y el «Desorden Multipolar» – 3/7/2018 –

¿Alguien se acuerda de Gunter Schabowski?

Era 9 de noviembre de 1989. El citado Gunter, miembro del Politburó de la República Democrática Alemana anunció en conferencia de prensa que se liberaban los permisos para viajar y que los alemanes del este podían cruzar a Berlín occidental.

Nadie lo organizó. Mucho menos nadie lo previó. A las 23 horas comenzó el cruce. El punto de control de Bornholmerstrasse fue el primero, seguido de varios otros en Berlín y a lo largo de la frontera de la RDA. Fueron sobrepasados por miles de alemanes que cruzaban directamente, saltaban el Muro, comenzaban a derrumbarlo y piedra tras piedra caída, la fuerza de la libertad podía más que décadas de miedo acumulado a fuerza de represión y asesinato de aquellos que habían  intentado cruzar furtivamente.  Gunter Schabowski, sin quererlo,  había abierto un orificio que las ansias de libertad transformaron en río caudaloso.

La caída del Muro de Berlín fue el símbolo y el precursor de la caída del comunismo y la posterior disolución del  Pacto de Varsovia y de la Unión Soviética.

Poco después, la Guerra del Golfo en 1990-91, encontraría a Estados Unidos liderando una amplia coalición, con autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, que derrotaría a Saddam Hussein liberando a Kuwait de la invasión iraquí.

Francis Fukuyama hablaría del “Fin de la Historia ?” en un artículo que rápidamente lo hizo mundialmente famoso. Para Fukuyama no se estaba asistiendo simplemente al  fin de la Guerra Fría sino «al fin de la historia como tal: es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno». Exceso de optimismo sin duda.

Más cauto, otro analista presentaría un punto de vista más realista. Charles Krauthammer, un neo-conservador estadounidense, con orígenes en la izquierda, escribió en ¨Foreign Affairs¨ un artículo que tendría gran impacto en la época y que se llamó  “El momento unipolar”. Se refería a que la primacía estadounidense, especialmente geo-estratégica y militar, no tenía rival alguno. Era verdad. En ese momento. Pero como muy bien lo sugiere el título de su artículo y luego él lo explica en diversas oportunidades, no era para siempre. Era temporaria. Un “momento», al decir de Krauthammer, en el devenir de la historia.

El fenómeno económico que caracteriza al sistema internacional  a partir de la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética es la globalización.  Dicha globalización, avanzaría a lo largo y a lo ancho del mundo, proponiendo un desafío y una oportunidad a los sistemas productivos, en especial de los países en vías de desarrollo. China habría de ser el país que la aprovechó más cabalmente. Las inversiones y el comercio se orientaron a construir cadenas de valor basadas estrictamente en los conceptos de precio y calidad.

Adicionalmente el llamado «Consenso de Washington» era adoptado por varios países, en especial en vías de desarrollo, para intentar reformar sus economías con gran énfasis en la inversión del sector privado.

Argentina priorizó entonces su relación con Estados Unidos, si bien también fue clave la relación con los vecinos en especial Brasil, fortalecida con la creación del Mercosur. El cambio drástico en la relación de fuerzas en el ámbito internacional a partir de la caída del Muro de Berlín fue rápidamente comprendido por el Gobierno del Presidente Menem.

El «momento unipolar» resumía con claridad las nuevas relaciones de fuerza en el ámbito internacional posteriores al desmembramiento de la Unión Soviética.  La primacía de Estados Unidos era clara e indiscutida. Dicho «momento» duró algo más de una década y se fue disipando a partir de la crisis económica del 2008.

El año 2008 puede tomarse como referencia para la transición desde el «momento unipolar» hacia una configuración de fuerzas en el ámbito internacional más compleja, con una creciente multipolaridad, que muestra la rivalidad Estados Unidos-China como elemento central, pero también el crecimiento progresivo de varias potencias intermedias.

Cada vez más el sistema internacional puede ser definido como un «desorden multipolar» aunque tenga dos actores principales como son Estados Unidos y China.  Podría decirse que es una «multipolaridad restringida» por el rol sobresaliente de dichas dos superpotencias. La competencia entre Estados Unidos y China es «comprehensiva» pues se da en todos los aspectos que hacen al poder de una nación, a diferencia de la «guerra fría» donde la rivalidad era básicamente ideológica y estratégico-militar, pero lejos estaba la economía de la URSS de competir con Estados Unidos.

Este desorden multipolar se manifiesta en todos los aspectos de la competencia por el poder a nivel mundial, aunque en lo geo-estratégico-militar tenga tres actores principales: Estados Unidos, Rusia y China, si bien todavía con primacía militar de Estados Unidos.

Es en la economía y el comercio, donde  la multipolaridad de este sistema internacional desordenado se manifiesta en su mayor expresión y donde Estados Unidos, China y la Unión Europea se destacan como los tres principales polos.

Esta nueva configuración del escenario internacional debe ser abordada por nuestro país con una estrategia acorde con la misma.  Siendo la Argentina un país de tamaño intermedio, es clave que diseñe su inserción internacional teniendo muy en cuenta el entramado del poder mundial.

En consecuencia considero que la política exterior argentina debe guiarse en esta nueva etapa por “la doctrina de la araña”.

¿La doctrina de la araña?  A saber, apoyarse en varias “patas” simultáneamente, todas necesarias, aunque diferentes en importancia y contenido entre las cuales Estados Unidos más NAFTA, Brasil, China, la Unión Europea, el resto de América Latina, la ASEAN, India, México y Japón, son las más importantes. Algunas tendrán mayor contenido comercial, otras político, otras de inversiones, financieras, defensa e inteligencia, transferencia de tecnología,  etc. La referencia a la “araña” pretende simplificar visualmente una idea  de aplicación más compleja a la hora de transformarla en políticas específicas.

Argentina tiene que dar contenido a cada “pata” de la araña. Definir exactamente  cuáles son nuestros verdaderos intereses en juego en cada caso. Ello, teniendo en cuenta que la política exterior es  la herramienta que debe aprovechar al máximo las posibilidades que nos brinda el mundo exterior, para mejorar la situación de nuestros ciudadanos y de la Nación toda.

Sin embargo, a partir del 2005 , Argentina fue asumiendo  una política exterior cada vez más reduccionista al privilegiar en grado sumo la alianza con los países del «Alba» y quedar demasiado dependiente de las influencias de la autocracia/dictadura chavista.  Se ponía un énfasis exagerado en la alianza con un grupo de países que no tenían peso destacado en la ecuación de poder internacional y cuya orientación política se alejaba cada vez más de los genuinos intereses de nuestro país.  Esto llegó al extremo, inexplicable y contrario absolutamente al interés nacional, de suscribir el «Tratado con Irán» conocido como «Memorandum».

En nuestros días, la citada formulación de la «araña», parece apropiada para ser puesta en consideración de las diferentes fuerzas políticas, en aras a construir una política de estado para las relaciones exteriores de Argentina.  Si no acordamos algunas políticas de Estado clave, errante será el destino de nuestro país, tal como lo ha sido en gran parte de nuestra historia.

La política exterior es una de las principales áreas donde es indispensable contar con una política de amplio consenso interno. La «doctrina de la araña» parece ser  un concepto lógico a partir del cual elaborar una política exterior de Estado para la República Argentina.

El mundo actual, en especial a partir de 2015, al que he llamado «desorden multipolar», presenta una estructura de poder que facilita la “estrategia de la araña”. En lo militar, si bien la primacía de Estados Unidos y la alianza occidental se mantiene, el poder nuclear y convencional de Rusia y China es muy importante y existen desarrollos de otras potencias en el campo de la defensa  que tienen cada vez mayor importancia. En lo económico, como ya dijimos, el mundo es cada vez más multipolar. Si bien existen dos polos sobresalientes, Estados Unidos y China, hay varios países y regiones de importancia geo-económica relevante.

Este mundo que avanza hacia una conformación multipolar cada vez más acentuada, en especial en lo económico,  sin por ello olvidar como dijimos la primacía de Washington y Pekín,  no está exento de riesgos importantes.  Además de los siempre presentes conflictos regionales, la proliferación nuclear es sin duda el más destacado de ellos. Diversos países de tamaño intermedio, más o menos secretamente, dominan la tecnología para producir armas nucleares y si aún no las tienen disponibles, es más por dudas político-estratégicas sobre la oportunidad y los impactos regionales de dicha decisión, que por incapacidad de producirlas. A ello deben sumarse las armas nucleares ya existentes y el siempre presente riesgo de accidentes que gatillen un conflicto, además de la para nada remota posibilidad que alguna de ellas pueda caer en manos de grupos terroristas.

Para nuestra inserción internacional actual, la clave es que podemos desarrollar simultáneamente las diversas ¨patas de la araña¨, sin que medien contradicciones insalvables entre ellas.

2 comentarios en “«La Doctrina de la Araña» y el «Desorden Multipolar» – 3/7/2018 –

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